18 de agosto. San Alberto Hurtado.
Querido San Alberto
Hurtado:
Siguiendo el Camino Real y el curso del río Magro entro en El Azagador, cuyas huertas en tiempos de
dominación musulmana eran regadas el domingo, la última tanda o “zaga” con las
aguas del Oleana. Mis pies se hunden en las tierras acariciando con mis manos
las vides, cultivadas por el labrador.
Cuidado y esmero a fin de ofrecer vino de calidad, como es
el de esta comarca, el mismo con el que tú cultivaste a cuantos Dios te
encomendó. En Viña del Mar (Chile) el 22 de enero de 1901, en el seno de una
familia de origen vasco, naces. La dramática muerte de tu padre cuando contabas
cuatro años os obliga a trasladaros a Santiago. Allí estudias en el Colegio de
San Ignacio al tiempo que sirves a los pobres en el patronato de la Parroquia
de Nuestra Señora de Andacollo. En 1918 ingresas en la Facultad de Derecho y cinco años más tarde en la Compañía
de Jesús, siendo ordenado sacerdote en Lovaina (Bélgica) un 23 de agosto de
1923. Nombrado asesor de la Acción Católica Juvenil en la archidiócesis de
Santiago, intentas aplicar la Doctrina Social de la Iglesia, defendiendo los derechos
de los obreros sufriendo incomprensión. La puerta estrecha se cierra y buscas
otra más prieta, fundando el Hogar de Cristo en 1944. Un cáncer de páncreas
apagó tu vida el 18 de agosto de 1952, “contento, Señor, contento” rezabas
hasta entregar tu espíritu. De la viña
brotan las palabras de san Juan Pablo II y Benedicto XVI: “impactado por la
situación de los pobres y movido por su fidelidad a la doctrina social de la
Iglesia, trabajó por remediar los males de su tiempo, enseñando a los jóvenes
que ser católico equivale a ser sociales”; y “quiso identificarse con el Señor
y amar con su mismo amor a los pobres; en el ministerio sacerdotal destacaba
por su sencillez y disponibilidad hacia los demás”
Vocación, palabra que define a la persona, vocación del
agricultor, el sacerdote, el laico, el jesuita, pasión por el cultivo del
tiempo, para gloria de Dios y servicio de sus hijos.

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