4 de julio. Beato Gaspar Bono.
Querido Gaspar:
No, no es el bullicio de la calle Quart, a intramuros y
extramuros de la ciudad de Valencia. Los coches, las bicicletas, los autobuses
y las motos circulando en el presente. Eco de las carretas, los carros con los
aperos de labranza y carruajes dejando tras de sí las doradas tierras de la
Meseta y los valles de vides, en la comarca Requena-Utiel. Aquí, en Hortunas, cerca
de la ermita de san Isidro, rodeado por las viñas, escucho cantar a las gotas
de agua del río Magro, deslizándose hacia el Mediterráneo.
Es cerca de las Torres de Quart, en la calle Cañete del
barrio del Carmen, donde naciste el 5 de enero de 1530, en el seno una familia
de tejedores naturales de la Gascuña francesa y Cervera, en Lérida. Arruinada
tu familia, con tan solo diez años comenzaste a trabajar con un mercader de la
seda. Niño, adolescente, joven soñador en alcanzar la fama y la gloria, te
alistaste como soldado del emperador Carlos V. Herido en una batalla regresaste
a la Valentia romana con un solo deseo: ingresar en el convento de San
Sebastián de la Orden de los Mínimos, fundada por san Francisco de Paula. A extramuros de la Ciudad del Turia, en el
Convento de San Sebastián, profesaste con religioso mínimo y en 1560 recibiste
el sacramento del Orden Sacerdotal, con un deseo vivir solo para Cristo
siguiendo la estela de los ascetas y místicos de tu tiempo, a intramuros del
convento.
Valiente, tenaz y constante, hombre de oración, cual Moisés
ante el fuego de la los prelados te confiaron cargos de
responsabilidad y servicio: maestro de novicios, corrector local o superior en
los conventos, entre otros los de Barcelona y Alaquas y provincial de Valencia,
a instancias de san Juan de Ribera. Vida austera, humilde, interior y
caritativa, hasta ser llamado por Cristo en Valencia el 14 de julio de 1604.
Es de noche, una estrella fugaz se desliza por el cielo, un
deseo escondido rasga el pensamiento. En el campo la uva sueña con ser vino.

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