Beata Chiara Luce Badano
Querida beata Chiara Luce Badano:
Los pueblos de la Serranía, lagos de tierra plantados de
casas, cereales y almendros, entre abruptas montañas me transmiten paz. Las
calles sinuosas de Las Eras, en Alpuente, con sus casas de muros de
mampostería, aleros y herrajes, el silencio, el canto de los pajarillos, el habla
churra de sus gentes, los sonidos del mundo rural, constituyen una amable
sinfonía, iluminada por tu recuerdo.
Hace años te descubrí y me cautivó la tímida serenidad de
tus ojos y la luminosidad de tu sonrisa, “tu rostro lleno de luz muestra tu
amor por Jesús” (Chiara Lubich) y “a través de su sonrisa, y sus ojos llenos de
luz, nos mostró que la muerte no existe, solo la vida” (Dr. Antonio Delogu).
Apenas nos distanciamos catorce meses y en este 2021 hubieses cumplido los
cincuenta de vida terrena. El 29 de octubre de 1971 en el pueblo que por
entonces contaba con 2.197 habitantes naciste, en el hogar donde tus padres te
enseñaron a amar a Jesús, sirviendo al prójimo. A los nueve años te incorporas
al Movimiento de los Focolares. El amor a Jesús abandonado determina tu
juventud, vivida en los años 80: la música, el baile, el senderismo, la
natación y el tenis. Con diecisiete años, mientras jugabas al tenis, un
punzante dolor en el hombro es el beso con el que entras en la Pasión.
Diagnosticada de cáncer, osteosarcoma, después de 25 minutos de oración respondes
a las palabras de madre: “Es para ti, Jesús; si tú lo quieres, yo también lo
quiero”, enfrentándote a la quimioterapia, la hospitalización: “Yo solo trato
de amar a Jesús con todas mis fuerzas”, Él era lo único que te importaba:
“quisiera pasarles la antorcha como en las olimpiadas, porque la vida es una
sola y vale la pena vivirla bien”. El 7 de octubre de 1990 partes al encuentro
del Amado: “Adiós, mamá, sé feliz porque yo lo soy”.
Tu rostro ilumina la pantalla del ordenador mientras pienso
en los jóvenes de mis parroquias. Ojos abiertos a la vida, ojos necesitados de
tu luz, la luz de Cristo.

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