1 de agosto. San Alfonso María de Ligorio.
Querido San Alfonso María de Ligorio:
Polop, con sus cincuenta habitantes, es un poblado singular,
al igual que su iglesia parroquial dedicada a san Isidro: sin casas unidas unas
a otras, ni calles por donde transitar los vecinos. Perteneciente a la ciudad
de Alcoy y servida por el párroco de San José Obrero Batoi de esta ciudad, se
encuentra situado en un hermoso valle entre las sierras Mariola y Font Roja,
con sus campos de cereales y las masías, tierras cultivadas durante siglos por
campesinos.
Realidad que bien conociste en el Reino de Nápoles, donde
naciste en 1696. Siguiendo el camino de los apóstoles, después de vivir en el
hogar perteneciente a la aristocracia napolitana, estudiar Derecho Civil y
Canónico y convertirte en un prestigioso abogado. Indignado por la corrupción y
la injusticia, lo dejaste todo. La Providencia Divina te llevó al Convento de
los Lazaristas, el Hospital de Incurables y el seminario, recibiendo el don del
sacerdocio el 21 de diciembre de 1726 y uniéndote a la Congregación diocesana
de las Misiones Apostólicas.
Sacerdote diocesano iniciaste el ministerio entre los
estratos más bajos de bajos de la sociedad napolitana, entregándote a la
predicación, la catequesis y la formación moral de los descartados e instituyendo
las “Capillas del atardecer”, espacios de oración, escucha de la Biblia,
formación y actividades sociales. Posteriormente entraste en contacto con los
campesinos y los pastores del interior, recorriendo los pueblos, aldeas y
masías y fundando para este fin en 1732 la Congregación del Santísimo Redentor.
Nombrado obispo en 1762, en 1775, a causa de la artrosis cervical profunda,
renunciaste al obispado. Desde entonces tu cátedra fue única y exclusivamente
la cruz, de la que Cristo te liberó durante el Ángelus del día 1 de agosto de
1787 te liberó.
“Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el
amor a Jesucristo”, leo mientras la estatua del Sagrado Corazón me mira. Amar,
amar como ama el labrador la tierra.

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