10 de enero. Beata María Dolores Rodriguez Sopeña.
Querida beata María Dolores Rodríguez Sopeña:
En el valle formado por la Rambla del Val, afluente
del río Turia, una aldea, Val de la Sabina (Ademuz) y allí, escondida entre las
tortuosas calles de cálidas piedras el ciprés y la fuente, me ofrecen descanso
para escribirte estas letras.
Permíteme unas notas biográficas, a fin de situar a
quien con nosotros comparte la carta: en Velez Rubio, Almería, el 30 de
diciembre de 1848, naces. Hija del magistrado Tomás y Nicolasa, quien te
transmitió el amor hacia los pobres desde la mirada evangélica y la pasión por
anunciar a Cristo. Almería, Puerto Rico, Santiago de Cuba y Madrid serán las tierras
donde, acompañando a tu familia, buscando
a Cristo en los barrios periféricos, como lo fueron el barrio de Las Injurias,
junto al río Manzanares sembrarás el Evangelio. La semilla germinó en el
corazón de quienes se acercaban a ti, brotando los árboles donde los pajarillos
heridos se cobijaban: los centros de
instrucción, la Asociación de apostolado seglar (Movimiento de Laicos Sopeña) y
el Instituto Catequista Sopeña. En la capital de España donde el 10 de enero de
1918 el río se escondió en el valle de la eternidad, transformándose en un
caudaloso manantial de aguas enriquecidas por los minerales de la adoración eucarística,
“al calor de esa Fragua Divina nos
arrojemos como pedazos de hierro, para salir fundidas en el perfecto modelo que
queremos copiar”; el trato con María, la
espiritualidad ignaciana, y la constante búsqueda de la voluntad de Dios, “aquí
está nuestro programa: con Dios, todo; solas, nada” para así ver a Dios en todo
y en todos y ser la fuente de Meribá y el pozo de Siquén.
Desciendo hacia la rambla, deteniéndome junto a la
corriente del riachuelo, incomparablemente pequeño. Sus hermanos el Amazonas o
el Ebro. Sin embargo, estos ríos no serían caudalosos sin las fuentes y los
hilos de agua que brotan de ellas. Eres un regato de la Iglesia, cuyas
mineralizadas aguas siguen sanando y purificando la sangre de las personas
heridas.

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