10 de marzo. Santa María Eugenia de Jesús.
Querida María Eugenia de Jesús:
El río Cabriel se adentra en la diócesis y su cauce riega
las tierras de Casas del Río, en el término municipal de Requena. El agua
discurre. La única noria de riego en servicio de la Comunidad Valenciana. En el
cauce del tiempo el agua discurre, unas veces fluye en abundancia, otras mengua.
En Metz el 25 de agosto de 1817 naciste, recibiendo la primera comunión durante
la Navidad de 1829. Allí el río de la gracia sobreabundó en ti, menguando
debido en los años posteriores: traslado a París, fallecimiento de tu madre,
soledad, carencia de formación. Es durante la Cuaresma de 1836 en la
catedral de Notre Dame cuando gracias a
las conferencias del Padre Lacordaire la acequia comenzó a sobreabundar de amor
a Cristo, soñando con alzar las aguas hacia lo más alto, regar las tierras con
la fraternidad y la justicia del Evangelio. A los 22 años se unen a ti dos
jóvenes y con ellas, en un pequeño apartamento de la rue Férou, en París,
iniciáis los estudios de teología, Sagrada Escritura y ciencias profanas. Las
norias eran para Cristo, en 1839 con ellas fundas las Religiosas de la Asunción
y el 14 de agosto de 1841 hicisteis la
profesión religiosa en la congregación alimentada por los ríos de la
contemplación y el apostolado, Cristo y la Encarnación, y la Regla de San
Agustín. Los campos áridos de quienes vivían a mediados del siglo XIX se
transformaron en huertos y las aguas alcanzaron España, Inglaterra, América
Latina y Filipinas. El fluir del agua y del tiempo debilitaron tu cuerpo, la
ancianidad, “un estado en el que solo
queda el amor”, “solo me queda ser buena, la parálisis, mirada bondadosa, el
encuentro con Cristo, abandonando las aguas de la vida en los brazos de la
nube, 10 de marzo de 1898.
Las aguas siguen fluyendo. Es la energía de la corriente la
que hace posible la noria ruede. Ella tan solo tiene que dejarse arrastrar. La
miro, te recuerdo, es tu vida, mi vida, nuestra vida, plantada junto al río
como nuestros primeros padres.

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