12 de febrero. Santa Eulalia de Barcelona.
De la misma manera que Valencia tiene por patrono a un mártir que murió durante la persecución de Diocleciano, Barcelona también tiene el suyo. En este caso se trata de una muchacha de unos doce años que vivía en un pueblo cercano a la Ciudad Condal. Se cuenta que pertenecía a una familia rica y había sido educada muy bien por sus padres. A la muchacha le gustaba rezar y por eso, con otras amigas, se encerraban en una habitación para pasar el día rezando.
Cuando tenía doce años se enteró de que estaban persiguiendo
a los cristianos. Eso no le preocupó, al contrario, llenó su corazón del deseo
de morir por Jesús. Y así un día, mientras sus padres dormían, al salir el sol,
se fue a Barcelona, allí se acercó a Daciano que estaba en la plaza juzgando a
los cristianos y con voz alta le dijo que no le parecía bien aquello. Por este
motivo el juez mandó azotarla. Ella, lejos de llorar, rezaba, a la vez que
manifestaba le estaba ayudando Dios.
Viendo el juez que no se rendía, mandó atarla al potro y
torturarla con garfios, mientras la muchacha daba gracias a Dios por lo que le
sucedía y rezaba para que le ayudase a sufrir por Jesús. Por eso ordenó que con
unas antorchas le encendiesen los pechos. Ella seguía rezando, mientras su
cuerpo ardía. Al morir una paloma salió de su boca.
Daciano ordenó colgasen su cuerpo en una cruz para que las
aves rapaces lo devorasen. Sin embargo, aquel día la nieve cubrió su cuerpo y
nadie se acercó.
Y así murió nuestra santa. Enterrada en un cementerio,
fueron descubiertas en la Basílica de Santa María del Mar y de allí trasladadas
a la Catedral de Barcelona, donde se venera.

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