24 diciembre. Paula Isabel Cerioli
Querida santa Paula Isabel Cerioli
Arroyo Cerezo, aldea de Castielfabib (Rincón de
Ademuz) es el núcleo de población más elevado de la Comunidad Valenciana. Altiplano
aparentemente débil de aldeas y diseminadas casas levantadas en los llanos. Y
sin embargo de carácter fuerte y recio como lo son los cereales, almendros y
manzanos. En la amplia plaza presidida por la Iglesia de San Joaquín y Santa Bárbara,
abierta al páramo, tu vida recorre las colinas de mi alma. El 28 de enero de
1816 naciste en Soncino, en la Cremona italiana. De complexión frágil a los
diecinueve años tus padres te desposaron con un hombre rico que rozaba los
sesenta años. Tiempo de encuentro sin amor esponsal y cuatro hijos marchitados
sin alcanzar la vida adulta, Carlo, con dieciséis años, después de una larga
enfermedad fue segado. Antes de morir te confesó: “Mamá, no llores, Dios te
bendecirá con otros hijos”. Contabas con treinta y ocho años cuando falleció tu
anciano marido. Sola con la mirada fija Madre de los Dolores y la ayuda del obispo de
Bergamo del yermo brotó un arroyo para las niñas huérfanas, alojadas y cuidadas
en tu palacio por quien se convirtió en su madre. En 1857 con la ayuda de cinco
compañeras fundaste el Instituto de Hermanas de la Sagrada Familia. El 4 de
noviembre de 1863 abriste la primera casa destinada a los niños pobres del
campo, dirigida por tu primer colaborador, el hermano Giovanni Capponi, semilla
de la rama masculina. Dos años después el 24 de diciembre de 1865 la espiga de
cuarenta y nueve años descansó en la
tierra del Padre. El 16 de mayo de 2004, durante la homilía por tu canonización
san Juan Pablo II afirmó de ti: “estaba convencida de que los hijos, para crecer
seguros y fuertes, necesitan una familia sana y unida, generosa y estable”.
Observo la tierra, aparentemente seca y débil, a
merced del viento, las heladas y nevadas, pero una fortaleza capaz de
transformar el pequeño grano de trigo en pan que alimenta el alma y el cuerpo.

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