26 de febrero. Beato cardenal Sancha.
Querido beato cardenal Ciriaco María Sancha Hervás:
La carretera que la ciudad industrial de Alcoi con la
capital del turismo Benidorm, la CV-70 sumerge al conductor entre valles,
peñascos y desfiladeros, muros que esconden pequeños y añejos pueblos y aldeas
de colores decimonónicos. Estas letras las escribo en la plazoleta de Ares de
los Bosques, frente a la iglesia aneja a Benassau. La torre y los muros evocan
tu infancia en Quintanar del Pidio. Allí, el hogar de labriegos pobres, escuela
de fe y vida, quienes desde tu nacimiento el 18 de junio de 1833 cultivaron tu
persona. Tus pasos se dirigieron por las cañadas de la voluntad divina:
Seminario Santo Domingo de Guzmán en Osma (1852); sacerdote (1858), Universidad
de Salamanca y Santiago de Cuba (1862). Tierra hermana donde tu rostro fue el
del Buen Samaritano, “el padre de los pobres”, fundando la congregación
religiosa “Hermanas de los Pobres Inválidos y Niños Pobres” (186); obispo
auxiliar de Toledo (1876), obispo de Ávila (1882), obispo de Madrid-Alcalá
(1886), arzobispo de Valencia (1892), cardenal (1894) y arzobispo de Toledo,
primado de España y patriarca de las Indias Occidentales (1898), ciudad donde
te encontraste con Cristo en la eternidad, mientras tu cuerpo horneado por la
caridad reposó con el epitafio “vivió pobre y pobrísimamente vivió” (1909).
Tu labor en nuestra tierra fue ingente. Leo tu biografía
escrita por el sacerdote Arturo Llin Cháfer: visita pastoral recorriendo la
geografía diocesana, formación de los sacerdotes mediante cartas, conferencias
teológico-morales para el clero, creación de las facultades de Teología,
Filosofía y Derecho en la Universidad Pontificia de Valencia, Congreso
Eucarístico Nacional, …
En la profundidad del valle, el viento, músico espiritual,
acaricia las ramas, las paredes y tejados de las estrechas callejuelas, el
capellán, sacerdote bueno, sencillo, nacido en la España rural abre la iglesia:
el pequeño pueblo es alimentado por la Iglesia, madre.

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