28 de julio. San Pedro Poveda.
Querido san Pedro
Poveda:
Distan, en línea recta, 8 kilómetros, 5 millas, la Catedral
y el templo parroquial de San Benito Abad de Mauella, término municipal de
Valencia. 47 habitantes gozan de la huerta, las acequias y tierras cultivadas
con esmero, 59 viviendas, muchas de ellas decimonónicas y la iglesia en la
plaza rodeada de arces.
Dios trabajó su huerta en parroquia de Santa María de
Linares (1874), los seminarios de Jaén (1893) y Guadix (1894), la capilla de la
residencia episcopal, testigo de tu ordenación sacerdotal, los despachos de la
Curia (1897).
En 1902 Dios aró profundamente su tierra: la predicación de
una misión popular te condujo a las cuevas de la ciudad acitana (1902). Encuentro
con los niños marginados, las mujeres sin instrucción, los olvidados por la
ciudad. Encarnado en tu Nazaret te trasladaste a vivir en una de ellas y como
el Buen Samaritano los curaste con el aceite de la caridad: escuelas, clases
para adultos, comedores populares, talleres para mujeres, siguiendo la
pedagogía del padre Andrés Manjón, la devoción al Sagrado Corazón, los
artículos en el periódico local, desencadenando el afecto de los acitanos y
también celos e incomprensiones. El 11 de febrero de 1905 aconsejado por tus
superiores abandonaste la ciudad nazarí. Madrid, Linares, Baeza, Jaén, la basílica de Covadonga (1906). Tiempo
apostólico para leer, orar, escribir, predicar, formar y abrir la Academia
Pedagógica para maestros (Gijón, 1911) y con Josefa Segovia la Institución
Teresiana. Años convulsos en los que Dios prosiguió labrándote hasta plantar en
su tierra la cruz; el cementerio del Este de la capital el 28 de julio de 1936
fuiste martirizado.
Las buenas gentes de la antigua alquería se sientan a “la
fresca”, recuerdan a la maestra y el maestro de su infancia. Bien sabías la
importancia para la regeneración de España de contar con buenos docentes,
formados, con valores cristianos, “dadme una vocación y os devolveré una
escuela, un método y una pedagogía”.

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