San José Sánchez del Río.
Querido José Sánchez del Río:
Día de Navidad, iglesia parroquial de la Purísima de Osset,
pueblo integrado con Artaj y La Pobleta en el municipio de Andilla. Situado
sobre una loma a 870 metros de altitud. La noche muestra las luces de la ciudad
de Valencia, mientras esconde las cuevas que sirvieron de refugio durante la
Guerra Civil. Este año 2020 a causa de la pandemia apenas hay niños. Uno de
ellos entra en el templo.
Me siento en el banco de la plazoleta, abro el cuaderno y
comienzo a escribir esta carta, acariciado por los siempre candentes rayos del
sol. Te confieso admirarme por tu madurez, fruto de una vida vinculada a la
parroquia de Santiago en Sahuayo de Morelos, estado de Michoacán, México. Allí
naciste el 28 de marzo de 1913, rodeado de la pobreza, el trabajo desde la
infancia y los valores de la fe, la caridad hacia propios y extraños y un amor
sincero y fiel con Jesús. Él fue el centro de tu vida y la Acción Católica el
medio para profundizar en su mensaje. Cuando contabas con doce años, estalló la
guerra de los cristeros, quienes se alzaron en defensa de la libertad
religiosa. Deseando unirte a ellos, ante la natural oposición de tu madre le
respondiste: “Mamá, nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora”. El 5
de febrero de 1928, durante un combate, fuiste hecho prisionero y conducido a
Cotija. Desde el templo, convertido en cárcel, escribiste estas letras a tu
madre: “Creo que en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá.
Resígnate a la voluntad de Dios; yo muero muy contento, porque muero en la raya
al lado de nuestro Dios”. El 10 cerca de las seis de la tarde, comenzó el
martirio: desollados los pies, caminando descalzo, golpeado, apuñalado, “¡Viva
Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”, dos disparos. A las once y media de la
noche recibiste la visita de Jesús y María.
Abandona la iglesia el niño, en sus manos una pequeña cruz
de madera, la mira, siente la mirada de Cristo, el Dios-con-nosotros.

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