San Juan Pablo II.
Querido Juan Pablo II, el Papa santo:
Buscando en la pantalla de mi ordenador, viajando por la red
hoy desembarco en Casas de Moya, aldea de apenas 71 habitantes, según la Guía
de la Archidiócesis, perteneciente al municipio de Venta de Moro, tierras de
caseríos como Casillas de Moya, el Tochar, Tamayo y el Retorno, pueblo de casas
con sus cultivos anejos, iglesia de san Antonio Abad y buenas gentes doradas
por el sol del altiplano.
¡Cuanta buena gente encontraste en tu peregrinar por los
pueblos del mundo! Porque quien es buena gente encuentra buena gente, y tú lo
eras. Por eso en 1982 de todas las parroquias de nuestra archidiócesis salimos
aquella mañana del 8 de noviembre, en tren, coche y autobús a ver al Papa que
venía a Valencia. En el centro de la plaza una fuente rematada con la imagen de
la Virgen María, “Totus Tuus” Maria fue el lema de tu existencia, todo tuyo
Madre para ser totalmente de Cristo. El 18 de mayo de 1920 naciste en Wadowice
(Polonia), sufriendo el mayor desgarro que puede sufrir una persona en la
infancia: la muerte de tu madre cuando contabas con nueve años. En1942, Dios te
llamó al sacerdocio, recibiendo el sacramento en Cracovia en 1941: doctor en
teología con una tesis sobre místico español San Juan de la Cruz, vicario
parroquial, capellán de universitarios, profesor, obispo auxiliar, arzobispo de
Cracovia, cardenal y Papa, inundando la
urbe y el orbe, sereno y cálido fuego. Y todos queramos heridos por tus llamas,
abriendo nuestro corazón a Cristo. “Hay también un seminarista mínimo: es el
Papa. Sí, sí, es también un seminarista permanente, porque debe estudiar cada
día durante todos los años. Cada día, seminarista, seminarista mínimo, debe
estudiar”, recuerdo nos dijiste en el seminario de Madrid en 1993, doce años
después tu alma salió en busca del Amado.
Dos ancianas conversan en la calle, ya se han vacunado,
miran la iglesia, el hospital donde Jesús nos cura contra el virus que mata la
fe, la esperanza y la caridad.

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