San Sebastián Mártir.
Querido san Sebastián mártir:
Recorriendo los pueblos de la solana del Benicadell, norte
de la provincia de Alicante, entro en Turballos, pedanía de Muro, lugar donde
se respira el clima de paz y oración construido por el sacerdote de l’Ollería
el pare Vicent Micó García (1928-2018). El Cántico de las Criaturas, pintado
sobre un panel cerámico próximo a la iglesia, es descanso para el caminante:
“Lloat sigues Senyor meu pels qui perdonen per amor teu i aguarden malalties, i mals i tot
patiment, feliços els qui en pau tot açó
suportaran” (Alabado seas mi Señor por aquellos que perdonan por tu amor y
sufren enfermedad y tribulación, bienaventurados los que sufran en paz).
Tu imagen se pinta en mi memoria, recorriendo las calles de
La Pobla de Vallbona, al son de los disparos de escopeta desde los balcones,
protegiendo a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud de Río 2013 y a
quienes en la bahía de la ciudad carioca buscan en su patrón la fortaleza de
quien dio su vida por Cristo Redentor.
El año 256 en Narbona (Francia) comenzaste a ascender hacia
lo alto del monte, educándote en Milán donde te entregaste a servir en la hueste
del mundo sin abandonar la milicia celestial, anunciando el evangelio,
visitando y confortando a nuestros hermanos cristianos encarcelados.
Descubierto y denunciado escogiste servir como soldado a Cristo, renunciando al
emperador y la vida. Quienes antes eran compañeros se vistieron de verdugos,
atándote a un poste y asaetándote con flechas. Dado por muerto cuando tus hermanos
de fe se acercaron a recoger y enterrar tu cuerpo lacerado, descubrieron
hallarse con vida. Recobrada la salud de nuevo te presentaste al gobernador
Maximiano, intentando convencerle diese libertad religiosa a la Iglesia. En
respuesta mandó fueses azotado hasta morir y echado a un lodazar, del que
fuiste traslado a la Vía Apia y enterrado en la catacumba titulada con tu
nombre.
Felices, leo, felices quienes en las calles de la vida
hallan la luz que nace de lo alto.

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