Santa Faustina Kowalska
Querida Faustina:
Camino por el pueblo de Torre Cerdà o Torre dels Frares. Ante
la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, aneja a la parroquia San Jaime
de Ayacor, en el término municipal de Canals, tierra de tránsito entre
Valencia, Alicante y Albacete. Las campanas Encarnación y Santísimo Cristo
marcan las horas de quienes peregrinamos.
Tiempo determinado en tu vida por Jesucristo, desde tu
nacimiento en la aldea de Glogowiec, Polonia, en 1905. Tiempos donde el futuro
de las mujeres pobres era el servicio en las casas de familias acomodadas. A
los 16 años comenzaste a trabajar como empleada de hogar. Una tarde Jesús se te
apareció y obediente como Abraham marchaste a Varsovia. Allí la Divina
Providencia te llevó a la Casa Madre de las Hermanas de Nuestra Señora de la
Misericordia, donde emitiste los votos y serviste como cocinera, jardinera y
portera, iluminada por la luz de cruz, la tuberculosis, y la luz resurrección, las apariciones de Jesús,
muriendo a los 33 años el 5 de octubre de 1938, convertida en apóstol de la
divina misericordia.
Todo lo soportaste por amor al Corazón del que viste salir
dos haces de luz iluminando el mundo: “estos dos haces representan la sangre y
el agua” te explico el Amado. En otra ocasión te pidió: “Hija mía, di que soy
el Amor y la Misericordia en persona”. Y este amor te hizo solidaria con el
sufrimiento humano. Impactan en mí cual dardos tus palabras: “experimento un
dolor tremendo cuando observo los sufrimientos del prójimo. Todos los dolores
del prójimo repercuten en mi corazón; llevo en mi corazón sus angustias, de
modo que me destruyen también físicamente. Desearía que todos los dolores
recayeran sobre mí, para aliviar al prójimo” (Diario, p. 365).
Mientras paseo por las huertas regadas por las aguas que
dócilmente transitan por las acequias, mis pensamientos buscan la fuente, rezo
con tus palabras al que es la Misericordia: “Cristo, Jesús, en ti confío”.

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