Santa Teresa de Liseaux.
Querido Teresa de Liseaux:
Apartada y recogida en el desierto de la sierra de
Atalaya, iluminada por la Virgen de la Misericordia, Villar de Tejas (aldea de
Chelva y anejo de Utiel), con doce habitantes, es un monasterio con sus
claustros, celdas, e iglesia de San José. Desde la taciturna plaza te escribo,
recordando tu vida: Alençón, despertar tierno y entrañable (1873); los
Buissonets de Liseaux (1877), jornadas de dolor; el Carmelo (1888) atardecer
despojáda en la noche oscura del alma; y el amanecer con el amado (30 de
septiembre de 1897), Quien complace el deseo de la esposa: “quiero pasar el
Cielo haciendo el bien en la tierra”.
Pero, ¿sabes lo que más me admira de ti? La simplicidad
y sencillez evangélica. Tu corazón es para Cristo pero sin despreciar el amor
de quienes te rodean: María Celia Guerin, “¡Qué tierno es el corazón de una
madre! ¡Y cómo expresa su ternura en mil detalles previsores en los que nadie
pensaría…”, Luis Martin, “el corazón tan tierno de papá había añadido al amor
que ya tenía, un amor verdaderamente maternal”, María, Paulina, Leonia y Celina
tus hermanas. ¿Recuerdas aquella conversación cuando después de enterrar a tu
madre, con tan solo cuatro años, os encontrabais reunidas las cinco? “Luisa
estaba allí, y al vernos a Celina y a mí dijo: ‘¡Pobrecitas, ya no tenéis
madre!’ Entonces Celina se echó en brazos de María, diciendo ‘¡Bueno, tú serás
mi mamá!’ Yo estaba acostumbrada a imitarla en todo; sin embargo, me volví
hacia ti, Madre mía, y como si el futuro hubiera rasgado ya su velo, me eché en
tus brazos exclamando: ‘¡Pues mi mamá será Paulina!’”.
Atardece, las hojas del otoño se deslizan, el sonido
de las campanas fluye, “comprendí que el amor encierra todas las vocaciones,
que el amor lo es todo, que el amor abarca todos los tiempos y todos los
lugares”.

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