3 de noviembre. San Martín de Porres.
Querido Martín de Pobres, Martín de la Caridad:
Sentado en un banco de madera, escuchando el silencio
del agua que discurre por la acequia y de la ermita dedicada a san Vicente
Ferrer, en el Salze, pedanía de doce vecinos perteneciente a Beneixama.
Las aguas de la acequia nacieron del manantial donde
se fundieron dos ríos subterráneos, manados Europa y África. Tus padres, el
caballero español de la Orden de Alcántara Juan de Porras y la dama mulata
libre Ana Velazquez engendraron un río
de cristalinas corrientes de la caridad nacido en Lima el 9 de diciembre de
1579. Discurrir por la Ciudad de los Reyes como barbero, dentista, cirujano
para finalmente descender, como “donado” y hermano cooperador, en el convento
dominico de Nuestra Señora del Rosario. En la humildad de la acequia,
alimentada por la vida religiosa, el amor a Cristo Crucificado, la Eucaristía y
nuestra Madre, regaste los desiertos del multicultural puerto del océano
Pacífico.
El Papa Bueno, san Juan XXIII, afirmó de ti:
“disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias;
socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los
pobres”.
Con el amor a Cristo sobre todas las cosas y al
prójimo más que a ti mismo, sencillez, bondad, humildad, paz, y servicio, barrías
la altivez, maldad, soberbia y la violencia, sin dejar nunca de considerarte
una descalza escoba en manos de Dios, hasta en 1639 esconderte en Él para
seguir regando las avenidas y los callejones de nuestra vida.

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