30 de agosto. Madre Rafols.
Querida María:
El centenario olmo se halla rodeado de las viñas del
término municipal de Requena y las viviendas de la aldea Casas de Cuadra en la
amplia planicie donde crecen los sarmientos.
Colores que evocan la tierra donde naciste el 5 de noviembre
de 1781, Vilafranca del Penedés. El otoño despojaba las vides. Las cuentas del
rosario se deslizaban entre tus dedos, mientras los niños miraban al olmo
herido por el rayo de la enfermedad y la incomprensión. Los ojos se elevan
hacia el rayo de luz que desciende desde la ventana. Recuerdas Barcelona, la
visita del padre Juan Bonal, la llegada a Zaragoza el 28 de diciembre de 1804,
el río Ebro, tu “Rubicón”, descansando en la Virgen del Pilar, el encuentro con
los abandonados en la Casa de los enfermos de la ciudad y del mundo, los sitios
de Zaragoza, auxiliando a los heridos, la cárcel y destierro en Huesca, víctima
de una calumnia, la fundación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana,
siguiendo el carisma de Luisa de Marillach, y el horfanato de la Muy Noble y
Heroica ciudad romana.
El rayo te ha conducido al Sol que nace de lo alto.
Con Él escuchas las palabras de San Juan Pablo II en el día de tu
beatificación: “Heroína de la Caridad”, “abnegación, abrazada a la cruz”, “gran
lección de caridad sin frontera, vivida en la entrega de cada día”.
“Melena de campana, yugo de carreta”, “antes que
rojo en el hogar, mañana ardas en alguna mísera carreta”, canta el poeta
Antonio Machado al olmo del Duero, a cuantos son heridos por el amor.

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